

Guayaquil nos recibió en carnaval, la ciudad estaba medio vacía, todos se iban a otras zonas turísticas. Es peligroso… dejar una ventana abierta del bondi en esta época es peligroso, los muchachos son muy punteros con las bombuchas y en un par de cm de abertura hacen milagros, siempre encuentran un intersticio para bañarte. Igualmente el sol y el calor hacen el resto.
La ciudad tiene una organización parecida a nuestras capitales, la misma dualidad: A la salida tanto barrios privados como casas humildes. Adentro, en su corazón, zona del mercado donde nos refugiamos y la zona mas paqueta representada en el malecón 2000, un mini Puerto Madero que se reserva el derecho de entrada de alguien que ensucie el paisaje.
Ahora me pregunto quien paga estas construcciones y como es posible que estos mismos no puedan hacer uso de un supuesto espacio urbano si alguien lo decide.
La plaza central se cierra de noche, enrejada completamente a través de gigantes portones corredizos. La espesura de sus miles de árboles no tiene acceso en la oscuridad.
El comedor del sindicato de los trabajadores de la Guaya, nos permitió probar el chicharrón de Ecuador, trozos de chancho, en especial el cuero, acompañado de bananas fritas. En el lugar se juntan los grupos de muchachos a tomar alguna cervecita. Su correlativo en Las Varillas, seria un “varillense” o del “rojo” frente a la plaza.
El campo es una zona muy húmeda, bananeros por todos lados, debe ser como chorear choclos en Las Varillas. Las casitas livianitas, de madera, están hechas para una buena ventilación, abiertas y sin vidrios, el riesgo de inundaciones hace que se construyan sobre troncos de la zona. Muchas veces con puentes larguisimos cada una de ellas que las une a la ruta principal. Todo me parece muy inestable, acá a habido varios accidentes naturales por la corriente del niño, como al norte de Perú.
Lamentablemente acá es difícil hacer dedo, así que viajamos en bondi, de esta manera conocemos todo de manera superficial, solo las grandes ciudades, se extraña esos pueblitos de Argentina y Bolivia, donde se podía compartir mas con la gente, y ya sabemos como son las grandes ciudades…
A Quito llegamos el domingo 18 a la tarde, a la Terminal que esta en el mismo centro histórico. Recomendamos a viajeros el hotel de Don Telmo a media cuadra de la plaza de Santo Domingo de esmerada atención y económico.
Quito fue la primer ciudad patrimonio de la humanidad, menos mal, su centro histórico es hermoso. Se nota un gran trabajo urbanístico en busca de uniformidad. No existen las típicas cartelerias de colores, sino que todo negocio, museo, catedral, tienen un mismo tipo de letras, del mismo tamaño y color. Nada de extravagancias o querer sobresalir.
Aun así, existen varios crímenes a la ciudad, a los alrededores del casco histórico, con edificios en altura bien vidriados, oscuros, nulos, de geometría rebuscada sin sentido… deberían meter varios presos.
En Ecuador de feriado en Quito no quedo ni el loro, debe faltar ese tumulto propio de las capitales, y como tal es como un monstruito de mil caras y solo nos permitimos conocer un par de ellas.
El templo de la Compañía de Jesús, se destaca más que el resto, su interior es de textura dorada, una red, piel en claroscuro. Me senté un rato en misa, y me puse a pensar que “un templo verdadero no tiene religión. En él, el hombre esta en silencio con su alma y se convierte en su Dios y en su respuesta”. Me fui medio rápido, no sea cosa que me haga filósofo…
La ciudad tiene una organización parecida a nuestras capitales, la misma dualidad: A la salida tanto barrios privados como casas humildes. Adentro, en su corazón, zona del mercado donde nos refugiamos y la zona mas paqueta representada en el malecón 2000, un mini Puerto Madero que se reserva el derecho de entrada de alguien que ensucie el paisaje.
Ahora me pregunto quien paga estas construcciones y como es posible que estos mismos no puedan hacer uso de un supuesto espacio urbano si alguien lo decide.
La plaza central se cierra de noche, enrejada completamente a través de gigantes portones corredizos. La espesura de sus miles de árboles no tiene acceso en la oscuridad.
El comedor del sindicato de los trabajadores de la Guaya, nos permitió probar el chicharrón de Ecuador, trozos de chancho, en especial el cuero, acompañado de bananas fritas. En el lugar se juntan los grupos de muchachos a tomar alguna cervecita. Su correlativo en Las Varillas, seria un “varillense” o del “rojo” frente a la plaza.
El campo es una zona muy húmeda, bananeros por todos lados, debe ser como chorear choclos en Las Varillas. Las casitas livianitas, de madera, están hechas para una buena ventilación, abiertas y sin vidrios, el riesgo de inundaciones hace que se construyan sobre troncos de la zona. Muchas veces con puentes larguisimos cada una de ellas que las une a la ruta principal. Todo me parece muy inestable, acá a habido varios accidentes naturales por la corriente del niño, como al norte de Perú.
Lamentablemente acá es difícil hacer dedo, así que viajamos en bondi, de esta manera conocemos todo de manera superficial, solo las grandes ciudades, se extraña esos pueblitos de Argentina y Bolivia, donde se podía compartir mas con la gente, y ya sabemos como son las grandes ciudades…
A Quito llegamos el domingo 18 a la tarde, a la Terminal que esta en el mismo centro histórico. Recomendamos a viajeros el hotel de Don Telmo a media cuadra de la plaza de Santo Domingo de esmerada atención y económico.
Quito fue la primer ciudad patrimonio de la humanidad, menos mal, su centro histórico es hermoso. Se nota un gran trabajo urbanístico en busca de uniformidad. No existen las típicas cartelerias de colores, sino que todo negocio, museo, catedral, tienen un mismo tipo de letras, del mismo tamaño y color. Nada de extravagancias o querer sobresalir.
Aun así, existen varios crímenes a la ciudad, a los alrededores del casco histórico, con edificios en altura bien vidriados, oscuros, nulos, de geometría rebuscada sin sentido… deberían meter varios presos.
En Ecuador de feriado en Quito no quedo ni el loro, debe faltar ese tumulto propio de las capitales, y como tal es como un monstruito de mil caras y solo nos permitimos conocer un par de ellas.
El templo de la Compañía de Jesús, se destaca más que el resto, su interior es de textura dorada, una red, piel en claroscuro. Me senté un rato en misa, y me puse a pensar que “un templo verdadero no tiene religión. En él, el hombre esta en silencio con su alma y se convierte en su Dios y en su respuesta”. Me fui medio rápido, no sea cosa que me haga filósofo…