sábado, 27 de enero de 2007

Sucre


Hicimos un recorrido por el centro de Sucre, ciudad rica en historia, con gran variedad de museos y templos, no ingresamos a todos pero valió la pena conocer el referido a las distintas culturas indígenas de Bolivia, donde se destacan las distintas mascaras de los carnavales, muy variadas según la zona.
Se encuentra aquí la primer universidad de Sudamérica, la mas prestigiosa en su tiempo, donde estudiaron Moreno y Castelli, entre otros.
Todo esto motiva cierta condición cosmopolita, que en una primer impresión me hizo acordar a Córdoba, seguramente por la vieja universidad...
Hay mucha mas vegetación que en Potosí, sus cerros tienen plantaciones de pinos por todos lados, y sus plazas arreglos de flores de mil formas y céspedes que nunca pisaremos, rodeada de las principales instituciones se destaca el tono blanco en toda la ciudad.
Creció la compañía en el alojamiento, donde había seis camas aumento a siete, sumándose Gustavo Emilio y Ana de Quilmes, y Jiulic de Francia (estudia en Uruguay), con quienes se armaban rondas infernales de mate y éste ultimo hablaba español mejor que varios de nosotros. Esporádicamente se sumo Ernesto, músico de Lanus, que andaba chocho porque se iba a presentar por televisión.
La noche del miércoles 17 Lucila y Eugenia presentan su obra callejera en la peatonal teniendo a cargo nosotros la musicalizacion (solo teníamos que apretar un botón), estuvo muy buena entre risas y desconcierto.Se destaca el abandono de una de las mochilas por insuficiencia funcional y roturas, y la adquisición de una nueva de 80 lts que la conseguimos bastante barata

viernes, 26 de enero de 2007

15 y 16 de enero





El lunes 15 llegamos a Potosí, el nacimiento de esta ciudad fue a través de un campamento minero, sus mas antiguos asentamientos y construcciones, se encuentran organizados de forma espontánea. Esa mañana en busca de alojamiento me perdí de manera majestuosa...
Sumando a esto la altura de la ciudad.
Las señoras muy temprano esperan en las esquinas el camión de la basura, por dentro las edificaciones, su mayoría de dos plantas son una microciudad, con su trazado también libre (mejor dicho adaptado). Pienso que cada casa debe guardar algún tesoro, esos patiecitos andaluces con fuentes eran muy frecuentes... restos de un pasado poderoso...
Después de las 8 de la mañana aparecen los autos, en calles tan estrechas con veredas diminutas que a veces se extinguían, todo se visualizaba con bocinas, era un quibombo.
Es extraña y con muchas sorpresas esta ciudad cuando estamos acostumbrados a la cuadrícula y a las manzanas, nos encontramos a cada momento con algún templo lindísimo, después nos pusimos al tanto sobre el saqueo del que fue victima y de la importancia que tuvo históricamente por su cerro rico, que en esos días estaba nevado.
La iglesia de San francisco fue la primera que entramos y verdaderamente me causo impresión, tiene 4 siglos y una escala bastante grande, totalmente en piedra, algo medieval y de cúpulas bien altas. Entre otras se destaca la de San Lorenzo, que tiene unos detalles mestizos, las “indiatides”, que tanto se estudian en arquitectura...
Por fin nos instalamos en un alojamiento donde había varios “gauchos”, que nos salió 15 bs a cada uno, con ducha y todo. Frecuentábamos bastante las heladerías, ya que los helados salen unos 50 bs (20 centavos) y se fue repitiendo en toda la estadía por Bolivia...
La Universidad Tomas Frías estaba tomada, y colgaba crucificado uno de los muchachos que no peleaban por los altos salarios que cobraban en ella, a través de acomodos familiares u otros.
A la salida de Potosí, el cementerio, donde buscamos algún transporte hasta sucre, las casitas que trepan de la loma como saliendo de ella en busca de aire y sol. Una flota (colectivo) nos lleva por la mitad de precio (10 bs cada uno), el camino esta lleno de ranchitos de adobe bien dispersos, con cultivos en las montañas con inclinaciones a veces increíbles. El río Pilcomayo se vio desbordado en esos días, y según una campesina, había llevado algunos asentamientos.
El martes 16 a la tarde llegamos a Sucre, y salimos a entregar la carta al bar de La Recoleta, misión que habíamos tomado de la pareja que nos llevo de Humahuca a La Quiaca, pero la carta fue recibida fríamente, lejos quedaron nuestros sueños de alojamiento gratis, encima llovió con todo. La Recoleta es una plaza con arcos y piedras de mucha calidad, rodeada de iglesia, museos y artesanos. Bajo los arcos había un grupito de personas de varios países y calaña, ahí dos muchachitas bailaron chacarera, invitándonos a lo que por supuesto nos opusimos. Bajamos después al centro a un alojamiento barato recomendado por un malabarista porteño, alojamiento “El Turista” era el lugar, 15 bs cada uno, pieza compartida que aceptamos cuando nos dijeron de dos argentinas en ella, que resultaron ser las que bailaban folclore (lucila y eugenia).
Fuimos esa noche a un karaoke que nos intrigaba desde nuestras camas, donde Lucila la descosió bailando con los muchachos de la mesa de al lado, entre ellos Pablo, tatuador de Bs. As. a Sucre. Todos cantaron y me di el gusto de cantar “Confesión”.

jueves, 25 de enero de 2007

13 Y 14 de Enero, el eterno camion:




Temprano en la ruta esperamos el transporte que nos permita recorrer el ultimo trecho de la ruta 9 Argentina y llegar a la frontera con Bolivia. Solo 40 min de espera bastaron para que una camionetita nos diese el empujón final hacia La Quiaca, un pueblo que es sinónimo de lejanía en el dialecto popular Argentino.
La frontera que separa ambos países son solo 50 mts, donde a diferencia de la frontera este ( Positos-Yacuiba), aquí no se ven los hombres y mujeres cargando sobre sus lomos bolsas de 50 kg de un lado a otro por 20 centavos.
El tramite burocrático de migraciones fue sencillo, pero no pudimos conseguir los 90 días que pedimos y solo nos tuvimos que conformar con 30.
Al ingresar a Villazon (primer pueblo Boliviano) se llega, no solo a un nuevo Estado, además se esta cruzando una barrera cultural bien marcada, donde las reglas del juego cambian y uno no entiende como puede ser posible que solo 50 mts sumados a tramites y trabas burocráticas puedan separar culturas.
En Villazon su gente viste típicamente, las cholas con sus polleras largas y coloridas llevan a cuestas, en bellos mantos, a sus hijos que contemplan a los turistas desorientados. Abundan los puestitos callejeros donde se vende todo lo que uno busque, desde comida hasta repuestos de autos, cuyos precios también varían dependiendo de la cara del turista y su habilidad para el regateo. Se nota también la escasa higiene que caracteriza a Bolivia, no hay basureros y se suelen leerse carteles donde se multa a los lugareños si arrojan basura o hacen sus necesidades al aire libre.
El viajar a dedo gratis en Bolivia es todo un desafío, ya que aquí no hay muchos vehículos particulares y se acostumbra a cobrar por el tramo llevado. Tomamos la decisión de buscar un camión que nos cobre menos que el colectivo para ir hacia Potosí, y conseguimos uno por 40 bs c/u (el colectivo, aquí lo llaman flota, nos cobraba 90 bs c/u).
Partimos a las 18 hs en un camión que transportaba harina pensando que llegaríamos a Potosí a la mañana temprano como nos dijo el conductor, sin embargo nuestro viaje en camión paso de ser una aventura de 18 hs a ser una tortura de 32 hs. A las 23 hs nos encontrábamos en Tupiza y comenzó a llover, lo cual no seria problema sino fuese que íbamos a la intemperie sobre cientos de bolsas de harina, por suerte el chofer ( un personaje raro que no hablaba, paraba cuando quería y arrancaba sin avisar, casi nos deja) se detuvo a colocar un toldo para que no se mojen “las bolsas de harina”.
El camino estaba todo embarrado, por que es de tierra y los ríos cortan muchas veces el paso, lo que hizo que el chofer se detenga varias veces en la noche y no hayamos podido avanzar mas que 40 km en toda la noche.
El 14 de Enero nos encontró sobre la harina sin hornear y con mas hambre que el Chavo, sin haber avanzado ni un cuarto del trayecto. Por suerte el camión comenzó a ganar terreno, ya que la lluvia había cesado, y cuando parecía que llegaríamos esa tarde una avalancha de sucesos inesperados nos retrazo, el camión en el que veníamos rompió el balancín y no pudo continuar, por lo que tuvimos que cambiar de camión el cual rompió una correa que nos demoro un buen tiempo. Además esa tarde un gran rió nos demoro 4 hs, ya que los camioneros no se animaban a cruzarlo por que había un colectivo que hacia desde las 5 am que estaba allí enterrado hasta la mitad. Por suerte una maquina niveladora emparejo el camino y cruzamos. Llegamos a Potosí a la 1 am del 15 de Enero, y como era de noche y la ciudad es peligrosa, el chofer nos invito a quedarnos a dormir otra noche mas en un camión, por suerte este también era de harina y cómodo para dormir.
Lo que se rescata de esta aventura es que pudimos parar en cada poblado de esta dificultosa ruta, donde se puede ver a sus habitantes, que aun hablan quechua y no entienden nada de español, subir a los cerros a buscar sus cultivos y hojas de coca, también se los ve por el costado del camino recorriendo varios km para llegar de un poblado a otro. Esta gente, la mayoría analfabeta, vive de la cría de cabras, cerdos y de sus cultivos, donde se puede ver el predominio del maíz.
Para finalizar este escrito debo confesar que llevo 6 días sin bañarme, todo un record, por lo que la pagina en vez de llamarse patas sucias se debería llamar “b.... sucias”...jajaja!!!

martes, 23 de enero de 2007

11 y 12 de enero: Jujuy



El jueves 11 nos levantamos temprano para salir hacia la provincia de Jujuy, tomando mate en el 147 de Juanma... dicen las malas lenguas (como la de Pablo Arreguez) que San Salvador de Jujuy es un Barrio de Salta, yo no creo.
El paisaje es bastante verde en relación a lo que uno se imaginaba, pero se va agotando con la altura, los que se agotan y se apunan también son los autos que transpiran humo al rolete.
La primer parada “Purmamarca”, con su famoso cerro de los 7 colores, la vedette del lugar fotografiada de todos los ángulos, donde se congregan los turistas. Se mezclan las casas viejas con las nuevas y cada mirada es una postal en potencia. Hay un algarrobo de mil años, donde los indios Omaguacas y Calchaquíes hicieron el trato de luchar por su libertad y su copa tiene muy considerable diámetro, capas de albergar a muchos de estos alborotados.
El próximo Pueblo es Maimara, no tan turístico, donde se estaba dando una de las manifestaciones culturales que nos acompaño en todo el viaje: “el fúlbo”, ya sea en canchas de toda calaña o los once negros atrás de la pelota.
A eso de las 3 o 4 de la tarde llegamos a Tilcara donde nos quedaríamos. En este pueblo velaron los restos del Gral. Lavalle, luego descarnado mas al norte, hubo una obra de teatro sobre esto. La plaza llena de puestos de artesanía y de gente, y su noche tiene bastante reconocimiento y así lo comprobamos. Ya a la noche se van aproximando a las guitarras y al bongo, y las mas populares son en las que suenan las canciones populares (Carlos vives, rodrigo, cadillacs) y en este alboroto aparecen los cobanis que piden desocupar la plaza. Y allí todos como en una procesión quilombera se trasladan a otra plaza... al rato entre las piedras y saltando de los árboles la ley pide desocupar el lugar. Y otra vez los centenares de exiliados se van a la oscuridad del río para por fin quedarse.
Conocimos la peña carnavalera junto con dos amigas uruguayas, y luego cada uno a su alojamiento (el 147).
El viernes temprano salimos hacia Humahuaca, donde despedimos de nuestro amigo Juanma por todo lo que nos malcrió, acampamos en un patio que cobraban 3 pesos por cada uno. Su iglesia blanca es bastante agradable, junto al monumento del Inca con sus escalinatas y artesanos. Su río esta un poco seco junto a las vías del tren que ya no pasa, los dos se secaron...
A la noche hubo mucho folclore y del bueno con una banda de mujeres que sonaban bastante bien. Sus calles empedradas y angostas y a la salida los planes de vivienda, iguales en cualquier lado.

7,8,9 y 10 de Enero:




El 7 de Enero nos levantamos tarde y tuvimos que pagar el precio de nuestra pereza con una espera interminable en la ruta rumbo a Salta. La congestión de mochileros era abundante lo que nos llevo a cambiar de planes y decidir salir rumbo a Cachi por la ruta 40.
Hicimos dedo 30 min. hasta que una camionetita nos llevo hacia San Carlos, un pueblito que en su época de esplendor llego a ser la segunda ciudad mas grande de Salta, pero hoy solo muestra sus coloniales casas antiguas con esquineros aun en pie y una iglesia bien conservada. Aquí termina el asfalto y comienza el ripio, lo que hace que no pasen muchos autos, esto llevo a que en 5 hs solo viésemos pasar 2 autos y muchas hojas. El cansancio que llevábamos sumado a las ganas de llegar a Salta para encontrar a Juanma ( mi compañero y amigo de facultad), hizo que desistiéramos de la idea de ir a Cachi y buscáramos un taxi compartido rumbo Salta, que nos costo mas barato que un colectivo, mas rápido y nos dejo en la puerta de la casa de Juanma.
La ruta 68 nos regala un paisaje de fábula, donde las rocas rojizas forman figuras muy llamativas como los castillos, el sapo, el obelisco, el fraile y la famosa garganta del diablo.
Juanma y su familia nos recibió de la mejor manera posible, con pizzas y cerveza, lo que sumado a un buen baño termino por plancharme en la cama.
E l 8 de enero lo dedicamos a recorrer la capital Salteña, una ciudad que esta en actual renovación , sus calles se están llenando de faroles y sus autopistas están llegando a todas partes, posee un ritmo vertiginoso que no dista mucho de las otras grandes capitales provinciales del país, con un mundo de gente a mil por hora y sus colectivos humeantes y ruidosos.
Ala tarde recorrimos sus Iglesias y edificios coloniales, además fuimos a la Quebrada de San Lorenzo, una villa veraniega ubicada a 5 Km. de la capital donde abundan las mansiones de los ricos.
El día termino con una partida de ajedrez en la que me hallé victorioso frente a un gran jugador con el que siempre pierdo (Juanma la revancha tendrá que esperar).
En auto, con Juanma de conductor, salimos el 9 de enero rumbo a Cachi, antiguo poblado ubicado bien alto en las cumbres calchaquíes. El camino hacia Cachi no esta del todo asfaltado, hay un sector llamado la Cuesta del Obispo que es de tierra y bastante peligroso por los derrumbes de montaña y sus altos precipicios a los que mira. Luego de la cuesta de pasa por el Parque Nacional Los Cardones, donde abundan esta especie de “cactus”, que los lugareños saben usar para construir el techo de sus casas. De un clima subtropical, que nos acompaño hasta finalizar la cuesta, pasamos a un terreno árido y seco hasta llegar a Cachi, con no mas de 3000 hab., turístico por excelencia. Su plaza se encuentra enmarcada por un murallón de piedras de no mas de 50 cm, a la que se accede por 2 entradas formadas por 3 arcos de piedras cada una. Frente a ella se encuentra su Iglesia cuyo techo, al igual que el confesionario y el atril para leer el salmo, están hechos de cardon. Sus calles son de un empedrado hexagonal y sus veredas están a 50 cm del piso, lo que permite formar un buen canal de desagüe en días lluviosos o tras el deshielo de sus montañas ( El Nevado de Cachi a mas de 6000 msnm). Sus casa son bien coloniales con antiguos faroles y pintorescos esquineros de madera.
De regreso a Salta pasamos por Chicoana, tranquilo poblado donde su plaza posee, como puerta de entrada en cada esquina, tranqueras giratorias muy pesadas.
El 10 de enero fue de descanso y preparativos para la salida la día siguiente rumbo a Tilcara, pero también conocimos el monumento a Guemez y fotografiamos la ciudad desde la cima del cerro San Bernardo.
Quiero dejar un inmenso agradecimiento y afectivo saludo a Juanma y toda su familia, que nos brindaron todo su cariño y hospitalidad permitiéndonos así conocer su bella ciudad y recuperar fuerzas para continuar. Gracias!!!.

lunes, 15 de enero de 2007

6 de enero, conflicto por la tierra...






Decidimos partir temprano rumbo a Cafayate, para evitar la congestión de mochileros que hay en la zona. Esa mañana frente al museo de la Pachamama fuimos testigos de la realidad que viven los lugareños, el conflicto por la tierra. Un señor tosco, con machete en mano, limpiaba un terreno de no mas de 50 m2, cuando una mujer con sus hijos llego exaltada a reclamarle que se valla de sus tierras, la pelea verbal rápidamente paso a los golpes, la mujer frente a sus hijos fue golpeada brutalmente con el látigo y pateada en el suelo, gracias a Dios rápidamente llego un lugareño que paro al tipo y amenazo con matarlo, llegando a los pocos minutos la policía. Al parecer este problema se da en toda la zona del NOA, ya que esta tierra, que en tiempos no muy lejanos perteneció a los nativos indígenas y aun pertenece en pocos lugares, no posee papeles que legitimen al poseedor como dueño. Así, a medida que crece el turismo en la zona, crecen los problemas y se va perdiendo todo el patrimonio cultural.
Mi situación personal ante tal suceso fue de desorientación, ya que no sabia que hacer, y eso me dio pena…
En plena discusión se detiene nuestro auto, el cual se dirigía a las Ruinas de Quilmas, las que no pensábamos conocer por que quedan a mitad de camino y luego 5 km adentro, pero el chofer trabajaba en el yacimiento arqueológico y nos dejo en la entrada.
Las Ruinas de Quilmes, construidas por los indios Quilmes, son un pucara de resistencia que impidió por 150 años que los colonizadores Españoles tomaran el territorio, impidiendo así el dominio de gran cantidad de pueblos indígenas del lugar. Este yacimiento, que esta a medio excavar (solo se ve un 15 %), consiste en un sistema piramidal de viviendas, donde a medida que se asciende en la montaña, se van encontrando las casas de los indios de mayor rango, o sea un sistema piramidal monárquico.
Los conquistadores logran tomar Quilmes gracias a la traición de aldeas vecinas, que dan información sobre cursos de ríos y cultivos, aislando así a la población que finalmente se rinde. Como castigo se ordena la extradición de los casi 2000 indios hacia Bs. As, pero se los envió caminando por lo cual solo llegan 400, los cuales deciden acabar con sus vidas, no tener hijos y dar fin a su existencia como pueblo, para impedir que sus hijos vivan como esclavos humillados.
Salimos de las ruinas caminando hacia la ruta para dirigirnos hacia Cafayate. Una familia de Bs .As nos levanta y nos dice que antes se dirigen a Amaicha para conocer el museo de la Pachamama, así que volvimos. Nosotros no entramos al museo por que su valor era absurdo ($6 c/u) para ver algo que es patrimonio de todos y debería ser gratuito, pero esta familia insistió en pagarnos la entrada.
Luego de recorrer el museo salimos hacia Cafayate, tierra de vinos, con su mejor arma, el Torrontes. En este pueblo antes de decirte hola te enchufan la copa de vino, es muy gracioso ver por las calles a varios pasados de vuelta. Visitamos algunas bodegas y nos dimos el gusto de comprarnos una chicha de uva, muy rica y dulzona.
La Iglesia de Cafayate es muy particular ya que consta de 5 naves, de las cuales hay muy pocas construidas en el mundo, por lo tanto valió la pena conocerla.
Así finaliza un día mas de nuestras ajetreadas vidas..jajaja…